Capacito a mi equipo, pero las estrategias no funcionan… ¿Qué está pasando?

Hoy queremos compartirles una situación que les resultará familiar y que se presenta frecuentemente.

Les contaremos el caso de María, que en nuestro ejemplo representa a la encargada del área de recursos humanos de una reconocida empresa retail en Latinoamérica.

María había estructurado un complejo plan de formación para sus equipos. A pesar de lo esmerado que era dicho plan, ellos seguían haciendo lo mismo y sus resultados no reflejaban los esfuerzos de la capacitación.

María se encontraba preocupada y un tanto frustrada, pues sus equipos habían concluido el programa de formación, pero no aplicaban aquello que con tanto énfasis reforzaron durante el programa. 

Para ayudarle a identificar el problema en la organización, le hicimos dos preguntas clave:

  1.  ¿Cómo se mide el desempeño? 
  2. ¿Cómo se hace el seguimiento?  

Las preguntas parecían simples, pero resultaban fundamentales para comprobar la efectivad de los programas.  

Por un lado, es un error pretender medir el impacto de dichos planes y programas únicamente a través de evaluaciones de conocimiento. Recordemos un poco lo que sucede en los colegios: cuando una materia no nos agrada, aprendemos todo de memoria para presentar un examen, pero en cuanto este termina, olvidamos lo aprendido. En cambio, cuando aplicamos el conocimiento y ponemos en práctica los conceptos y habilidades aprendidas, generamos hábitos y nos aseguramos de hacerlo de la forma correcta.  

Ahora bien, ¿qué pasa con el seguimiento? 

Recordemos esta frase: lo que no se mide, no se mejora. Cuando hacemos medición, establecemos mejoras de manera oportuna.

Por ejemplo, María creyó que su plan estaba tan completo y acabado que no necesitaría realizar ajustes sobre la marcha. Después de todo, María entendió que las estrategias de formación se conciben como algo estático, pero no lo son:   

Pensemos en un proyecto de construcción simple: casa + jardín. La estrategia de formación es el jardín, no la casa.

Aunque el jardín puede ser planeado como tú lo decidas (dónde van las rosas, dónde las margaritas, la fuente, etc), no basta con sembrar para que crezcan y florezcan; el jardín es en elemento vivo que necesita cuidados: hay que regarlo, cortar el césped, la maleza y comprobar, poco a poco, si las condiciones han sido óptimas para su crecimiento. Además, el jardín nunca lucirá como se planeó: su naturaleza y las presiones del entorno harán que se transforme constantemente.    

Las estrategias de formación son como el jardín, son un organismo vivo que necesita mantenimiento y seguimiento constantes para adaptarse a las condiciones del presente. 

Si unimos estos dos puntos, la correcta medición y el seguimiento constante, lograremos crear estrategias de formación asertivas, encontraremos brechas y oportunidades de mejora, y podremos responder a ellas con oportunidad.

Con esta analogía, María comprendió que las estrategias de formación deben incluir medición y acompañamiento. Sólo de esta forma es posible comprender la evolución del programa y de los participantes, y cuál es la forma adecuada para desarrollar buenas prácticas y hábitos productivos.